Los mejores memes de la ceremonia de apertura del Mundial 2026
La ceremonia de apertura del Mundial 2026 se llevó a cabo este jueves 11 de junio en el histórico Estadio Azteca de la Ciudad de México antes del partido inaugural entre México y Sudáfrica. El recinto se convirtió en el escenario de un show que destacó la cultura mexicana y que tuvo a grandes artistas como Shakira o J Balvin. Sin embargo, los usuarios en las redes sociales demostraron todos su humor con variados memes.
La ceremonia comenzó más tarde de lo previsto y combinó música, danza, arte tradicional y tecnología. El diseño buscó destacar la cultura local mediante la participación de artistas folclóricos y grandes figuras de la música latinoamericana.

Entre los artistas que encabezaron el espectáculo estuvieron Shakira, J Balvin, Maná, Los Ángeles Azules, Belinda y Danny Ocean. La cantante colombiana fue la encargada de presentar Dai Dai, una de las canciones oficiales del Mundial 2026 de Estados Unidos, México y Canadá.
Los mejores memes del show de apertura del Mundial
La ceremonia de apertura:#mundialdefútbol pic.twitter.com/muQavpQfhI
— Infiltrado (@c1n3alista_) June 11, 2026
Mi sensación viendo la ceremonia de apertura del mundial:#fifaworldcup pic.twitter.com/wFyxArtCVp
— Mauro Lorenzo マウロ (@Lo_Mauro) June 11, 2026
la ceremonia de apertura del mundialpic.twitter.com/qukPwIVxxX
— vic ! 🥢 (@slowd4ncing) June 11, 2026
La ceremonia de apertura del Mundial
— Ⓥictor Ⓑilsky 🎙️📺 (@BilskyVictor) June 11, 2026
Yo: pic.twitter.com/63ZPGdfQIC
Faltó la canción “Amor a la mexicana” en la ceremonia de apertura inauguración del Mundial #Mexico
— Joel Franco (@jfrancof) June 11, 2026
grandisima ceremonia de apertura, viva mexico cabrones pic.twitter.com/ZRIUeBmHHg
— Azrael (@N0tazrael) June 11, 2026
Los Labubus en la ceremonia de apertura del Mundial. pic.twitter.com/ueSVW0R1Fi
— En Una Baldosa (@enunabaldosa) June 11, 2026
voy a ver la ceremonia de apertura pic.twitter.com/3UGOx44dRD
— ari (@swiftonelli) June 11, 2026
Dejó su trabajo para ir a pedirle una foto a Shakira, yo habría hecho lo mismo https://t.co/IH84epoJPk
— Hernán Bustos Mella (@Hernan_Ale15) June 11, 2026
Bueno que cante Shakira ya…. que me voy pa la feria nojodaaaaa!!! pic.twitter.com/fcll195EGx
— I’m AnTo 🗡️ (@AnTo_0v3) June 11, 2026
Inicia la ceremonia de apertura del @FIFAWorldCup desde el Azteca. En el 70 se coronó Pelé, en el 86 Maradona, ahí se jugó el partido del siglo y comenzó la tradición de la ola que hacemos hoy en estadios.
— Edgar Divanny (@edgarcedeno8) June 11, 2026
Pura historia en México.
La ceremonia de apertura del #Mundial2026 tiene estas vibes pic.twitter.com/BLwUwop7HH
— El Mortor (@nachojacobo_) June 11, 2026
Maná llegando al Azteca para salvar la que iba a ser la peor ceremonia de apertura de la historia de los mundiales pic.twitter.com/IC8W953PRc
— Riquelme me violó (@Chory03_) June 11, 2026
Ya estamos disfrutando de esta emocionante ceremonia de apertura del Mundial 2026 pic.twitter.com/H4C6Ln53L6
— Radio Fiesta (@RadioFiesta3) June 11, 2026
Buenísimo el show de airbag en la ceremonia de apertura pic.twitter.com/Zq79rcRz5h
— Teo (@TeoAzerrad) June 11, 2026
No sabía que Mickey Rourke estaba cantando en Maná. Metió ceremonia de apertura del Mundial y todo, crá pic.twitter.com/pcghOvg7Qv
— Germán Bernárdez 🎙️ (@Gertu0k) June 11, 2026
Rompió México con esta Ceremonia de apertura del Mundial pic.twitter.com/2sGCHIGb0v
— Chuck Norris (@solis_marco99) June 11, 2026
Charlas conmigo mismo
Un viaje íntimo entre la vida, el fútbol y los recuerdos.
No todos los partidos importantes se juegan dentro de una cancha.
Algunos comienzan mucho antes, en las calles de un barrio, en una infancia marcada por ausencias, silencios difíciles de explicar y heridas que el tiempo no borra, pero enseña a comprender.
La historia de Hebert Revetria no empieza con estadios llenos ni con tribunas coreando su nombre.
Empieza en el barrio La Unión.
Entre gurises corriendo detrás de una pelota, calles que parecían infinitas y tardes donde el tiempo se medía en goles improvisados hasta que alguna madre llamaba desde una ventana para ir a comer.
Empieza también con pérdidas.
Con el amor inmenso de una madre llamada Doña María.
Con el miedo de un niño que tuvo que aprender demasiado pronto que crecer, a veces, significa sobrevivir al dolor.
Pero también es la historia de alguien que encontró manos tendidas cuando más las necesitaba.
De amistades que se transformaron en familia.
De personas que aparecieron para enseñarle que incluso después de las pérdidas más grandes todavía existe lugar para el amor.
Y es, además, la historia de un muchacho de barrio que convirtió el fútbol en un camino.
Que vistió camisetas enormes.
Que conoció países, estadios y triunfos.
Que fue llamado “El Cañón del Parque”.
Pero que, con el paso del tiempo, entendió algo esencial:
Que los aplausos terminan.
Los campeonatos quedan en fotografías.
Y que, al final, lo verdaderamente importante siempre vuelve al mismo lugar:
La familia.
El amor.
La memoria.
Y el hombre que uno decide ser cuando se apagan las luces del estadio.
Estas páginas no son solamente la historia de un futbolista.
Son las conversaciones de un hombre consigo mismo.
Recuerdos, heridas, triunfos, pérdidas y aprendizajes de alguien que entendió que la vida no se mide solamente por los goles convertidos, sino también por los abrazos dados, el amor recibido y las personas que permanecen cuando todo lo demás pasa.
Esta es la historia de Hebert Revetria.
Contada desde adentro.
Sin máscaras.
Sin tribunas.
Simplemente, como él mismo la recuerda.
Capítulo 1
La vida fuera de la cancha
Mucho antes de los estadios, los viajes y el reconocimiento, existió un territorio mucho más pequeño pero inmenso en significado: el barrio de La Unión.
Allí empezó todo.
Las calles eran el verdadero mundo de los gurises. Estaban llenas de niños de la misma edad, bicicletas, pelotas gastadas y tardes que parecían no terminar nunca. Existían dos grupos bien marcados: los de la calle Túnez y los de la calle Purificación, dos calles paralelas donde se escribieron buena parte de los recuerdos más importantes mi infancia.
Los fines de semana tenían algo sagrado.
Se jugaba al fútbol durante horas en plena calle, improvisando arcos, discutiendo goles y armando equipos entre amigos y rivales de todos los días. El tiempo parecía no existir hasta que desde alguna ventana se escuchaba la voz de una madre llamando para almorzar o cenar.
La rivalidad entre Túnez y Purificación era permanente, pero sana. De esas rivalidades que forman carácter, amistades profundas y recuerdos imborrables.
En Purificación, Daniel Molina lideraba naturalmente al grupo. De mi lado había figuras respetadas como Ricardo Conde y su hermano Eduardo, además de Jorge y el Pocho Pérez, dos hermanos boxeadores admirados en el barrio.
Yo también tenía mi lugar.
Jugaba bien al fútbol y eso, entre gurises, tenía valor.
Entre aquellos muchachos estaba también Mario Carrero, quien años más tarde, junto a Larbanois, se convertiría en una de las voces más importantes del folklore uruguayo.
Aquellas calles fueron una escuela.
Entre partidos interminables, sueños imposibles y amistades sinceras, nació el muchacho que tiempo después recorrería el continente detrás de una pelota.
Mi infancia quedó marcada por una pérdida que cambiaría mi vida para siempre.
Tenía apenas once años cuando mi padre reunió a la familia para comunicar una noticia imposible de entender a esa edad: Doña María, mi madre había fallecido.
El recuerdo todavía duele.
Mi hermana desconsolada. Mis hermanos llorando. Yo intentando comprender lo incomprensible.
Poco después me llevaron al hospital para despedirme de ella.
Le di un beso que ya sintió casi frío.
Sin saber que sería el último.
En aquellos años los velorios se realizaban en las casas. Mientras despedían a mi madre, busqué refugio en la casa de Walter Pérez, mi mejor amigo. No quería volver.
No podía aceptar lo que estaba pasando.
Las coronas eran tantas que no cabían en el coche fúnebre.
Mi madre había sido profundamente querida en el barrio.
Con su muerte no desapareció solamente una persona.
Se desplomó una familia entera.
Mis hermanos varones ya no estaban en casa. Mi hermana se fue a vivir con mi abuela. Yo quedé solo junto a mi padre, en una casa enorme y silenciosa.
Estaba completamente solo.
Cada noche cerraba las puertas con llave, encendía todas las luces y me iba a dormir con miedo.
Era apenas un niño intentando convivir con la oscuridad y la ausencia.
El miedo también tenía otro rostro.
La convivencia con un padre difícil, absorbido muchas veces por sí mismo y con una violencia que dejó heridas profundas.
Hay recuerdos imposibles de borrar.
Una noche me había quedado dormido y no escuché que golpeaban la puerta. De repente desperté con un golpe fuertísimo en las nalgas. No entendía nada de lo que estaba pasando. Mi padre me había golpeado con un machete con todas sus fuerzas.
Aquel momento quedó grabado para siempre en mi memoria.
Lo odié durante muchos años porque, además de no saber nada de mí durante todo el día, de los miedos que tenía y de los peligros que enfrentaba siendo apenas un niño, me golpeó mientras dormía, sin imaginar el trauma que me estaba provocando.
Crecí rodeado de esa violencia.
Me peleaba en el barrio, en la escuela y seguí arrastrando ese carácter durante buena parte de mi vida adulta. Era una forma de reaccionar que había aprendido sin darme cuenta.
Con el tiempo entendí que los golpes dejan marcas mucho más profundas que las que se ven.
Entonces apareció la familia Boccone.
Una noche, al regresar de un partido de baby fútbol de Nacional en Colón, me acompañaron hasta mi casa y comprendieron que, otra vez, iba a quedarme solo.
Fueron a buscar a mi padre hasta encontrarlo jugando al billar.
Y llegó una pregunta simple, pero capaz de cambiar una vida: -¿Querés venir a dormir a casa con nosotros?
La respuesta fue inmediata.
Carlos Boccone, un año mayor, era mi gran amigo.
Aquella invitación terminó siendo mucho más que una noche.
Fue el comienzo de una nueva vida.
La familia Boccone me abrió las puertas del hogar y del corazón. Allí encontré amor, reglas, orden y pertenencia.
Encontré una familia cuando más la necesitaba.
Y apareció Gabriela.
Una mujer maravillosa que, con paciencia, amor y comprensión, fue ayudándome a cambiar ese carácter que había heredado. Me enseñó otra manera de vivir, de enfrentar los problemas y de construir una familia basada en el respeto y el cariño.
Nos casamos el 21 de abril de 1975.
Mis hijos fruto de este amor: Sebastián, Nathaniel, María y Soledad representan mi mayor orgullo.
Y después llegaron Sofía, Mathías, Belén y Santino, mis nietos, con quienes descubrí una nueva manera de amar.
Más libre.
Más tranquila.
Igualmente, inmensa.
Si algo aprendí en la vida fue que los títulos pasan, pero la familia permanece.
Mi mayor victoria no estuvo en una cancha.
Sino en haber construido un hogar donde el amor pesara más que cualquier herida del pasado.
Capítulo 2
Del barrio al continente: el fútbol, los triunfos y el legado
El fútbol empezó como un juego.
Una pelota en la calle.
Un sueño de gurí.
Pero poco a poco se convirtió en destino.
Debutar en Nacional fue tocar el cielo con las manos.
Era el sueño de aquel muchacho del barrio La Unión que imaginaba jugar algún día en un grande del fútbol uruguayo.
Cuando me puse aquella camiseta sentí orgullo, responsabilidad y una emoción difícil de explicar.
Pensé todo lo vivido para llegar hasta allí.
En mi familia.
En Gabriela.
Y en todos los que habían creído en mí.
En 1976 fui máximo goleador de la Liga Mayor con catorce goles, confirmando algo que muchos ya intuían: había nacido un delantero distinto.
El fútbol comenzó a abrirme fronteras.
Primero Brasil.
Cruzeiro.
Un gigante sudamericano donde viviría uno de los momentos más gloriosos de mi carrera.
En mi debut frente al clásico rival, Atlético Mineiro, convertí tres goles en una victoria histórica por 3 a 2.
Una tarde inolvidable.
Una de esas que quedan grabadas para siempre.
“Son segundos en la vida que se transforman en eternos”, recuerdo al hablar de aquella final de 1977 en Belo Horizonte.
Brasil dejó una huella profunda en mí.
La pasión de la gente, los estadios llenos y la intensidad del fútbol brasileño marcaron para siempre mi memoria.
Después vendrían nuevos caminos.
México me recibió para vestir las camisetas de Tampico Madero, Neza y Tecos.
Más tarde llegaría Colombia, defendiendo a Deportes Tolima.
Y Chile, donde jugué en Colo-Colo y Cobreloa.
Especialmente en Colo-Colo, donde mi actuación en la final frente a Palestino en 1986 quedó grabada en el recuerdo de los hinchas.
También tuve el privilegio que pocos futbolistas uruguayos pueden contar: vestir las camisetas de Nacional y Peñarol.
Dos instituciones enormes.
Dos historias gigantes.
Dos pasiones enfrentadas.
Y supe defender ambas con respeto, profesionalismo y entrega.
Fui campeón en Brasil, Chile y Uruguay.
Gané partidos inolvidables.
Recibí aplausos.
Recorrí estadios y países.
En junio de 1974, viajamos a Chile para disputar el Campeonato Sudamericano Juvenil con la selección uruguaya.
Teníamos un gran equipo. Estaban Lorenzo Carrabs en el arco, Daniel Bartolotta, el “Pichu” Rodríguez, Carlín Ocampo, Martínez, Agresta y Malaquín. El entrenador era el profesor Silva Cabrera y nos acompañaba el kinesiólogo Polo Álvarez.
Realizamos un campeonato extraordinario. Llegamos a la final, pero terminamos perdiendo ante Brasil. Una derrota que todavía duele recordar porque sentíamos que teníamos equipo para ser campeones.
A nivel personal tuve la satisfacción de convertirme en el goleador del torneo con ocho goles, de los once, que convirtió Uruguay.
La revancha llegó al año. En Perú, cuando se disputó un Sudamericano especial y todavía tenía edad para volver a jugarlo.
Otra vez Uruguay presentó un plantel formidable. Estaban Rodolfo Rodríguez, Polilla De los Santos, Darío Pereira, Carrasco, Muñiz y Umpiérrez, bajo la conducción técnica de Walter Brienza.
Esta vez logramos lo que tanto habíamos buscado.
Salimos campeones invictos.
Y nuevamente terminé como goleador del torneo, con cinco conquistas.
Entre ambos campeonatos sumé trece goles, una marca que hasta hoy me convierte en el máximo goleador de la historia de los torneos sudamericanos juveniles. Más allá de los goles y los títulos, aquellos años me enseñaron que el fútbol podía abrirme caminos impensados. Pero también me demostraron que ninguna victoria tiene verdadero valor si no existe alguien con quien compartirla.
El relator Heber Pinto me bautizó como “El Cañón del Parque”, un apodo que resumía la actitud goleadora.
Pero el fútbol también tiene costos.
Me dio viajes, amistades, reconocimiento y sueños cumplidos.
También me quitó tiempo con la familia.
Momentos irrepetibles del crecimiento de mis hijos.
Horas que nunca regresan.
Cuando llegó el retiro, el golpe fue difícil.
El fútbol había sido rutina, pasión y forma de vida.
De pronto ya no estaban los entrenamientos, los viajes, los vestuarios ni la adrenalina de los partidos.
Sentí tristeza.
También gratitud.
Porque con el tiempo entendí que el fútbol me había regalado mucho más que una carrera.
Me dejó amigos.
Recuerdos.
Historias.
Y una vida imposible de olvidar.
Cuando hoy miro hacia atrás, ya no mido el éxito en goles, títulos o camisetas.
Lo mido en algo mucho más profundo.
En el amor recibido.
En la familia construida.
En los abrazos dados.
Y en haber logrado algo inmenso: que el niño que una vez tuvo miedo en una casa vacía terminara convirtiéndose en un hombre rodeado de amor.
Porque al final, después de los goles, los viajes y los aplausos sigo siendo aquel gurí de La Unión.
El que aprendió que las victorias más grandes rara vez se levantan en una copa.
A veces viven en una mesa familiar.
En una conversación.
En un abrazo.
Y en la tranquilidad de saber que, pese a todo, la vida valió la pena.
Vuelven las alas de la selección: Lamine Yamal y Nico Williams, con el grupo
Las nuevas reglas
El Mundial 2026 será novedoso porque será el más grande de la historia, con 48 selecciones que lucharán por la gloria máxima. Pero también por la serie de modificaciones en la reglamentación del juego que comenzarán a aplicarse a partir del partido inaugural de esta tarde, entre México y Sudáfrica, y que representarán un antes y un después en la dinámica de los partidos.
El objetivo de la IFAB (International Football Association Board), el ente internacional que impulsó estos cambios, es minimizar las pérdidas de tiempo en los partidos e, incluso, castigarlas. También se ampliaron las capacidades del VAR y se sancionarán con mayor dureza los insultos entre los propios jugadores, entre otras cosas que detallamos a continuación.
REDUCCIÓN DEL TIEMPO PERDIDO
De la misma manera que, en los últimos meses, se puso en práctica la regla de los ocho segundos para que los arqueros reanuden el juego, se aplicarán medidas similares para otras situaciones.
Saques de arco: se reduce aún más el tiempo de saque, pasando de ocho a cinco segundos. Si el guardameta no saca antes de los cinco segundos, se le otorgará un tiro de esquina al equipo rival.
Laterales: a partir de ahora, cuando un árbitro perciba que un futbolista demora intencionalmente en sacar un lateral, realizará un gesto de advertencia que iniciará una cuenta regresiva de cinco segundos. Si el jugador no repone en ese tiempo, su equipo perderá la posesión y el lateral será concedido al rival.
Cambios: los jugadores que sean sustituidos -sin importar la cantidad- deben dejar el campo de juego en un margen de 10 segundos. En caso contrario, el sustituto deberá cumplir un minuto fuera de la cancha e ingresará en la primera interrupción del juego tras cumplido ese tiempo. Además, durante ese tiempo, su equipo jugará con un jugador menos y la sustitución no podrá ser modificada. Casos de lesiones o de motivos de seguridad son excepciones para esta regla.
Lesiones e intervenciones médicas: cuando la sanidad de un equipo ingrese a la cancha para atender a un jugador lesionado, el mismo deberá retirarse del campo de juego y permanecer fuera por un minuto, donde podrá continuar la atención médica. Existen algunas excepciones establecidas en el reglamento.
EL VAR TENDRÁ MÁS INTERVENCIÓN
El videoarbitraje no cambiará ninguna de sus capacidades ya establecidas, sino que sumará más posibilidades de intervenir en decisiones arbitrales. En concreto, estas son las nuevas situaciones en las que el VAR podrá llamar a revisión de campo:
Expulsiones por doble tarjeta amarilla: si un futbolista ve la tarjeta roja producto de una doble amarilla, el VAR podrá actuar para revisar y -eventualmente- corregir la sanción de la segunda amonestación.
Tiros de esquina: ante un córner claramente mal otorgado, el VAR podrá corregir la decisión siempre antes de que el mismo sea ejecutado, por lo que la revisión deberá ser rápida.
Identificación errónea: si el juez de campo amonesta o expulsa a un jugador equivocado, el VAR podrá intervenir para corregir la identificación.
Todas las decisiones que se tomen tras una revisión en el VAR serán comunicadas por los árbitros al público en altavoz.
CASTIGOS A LAS PROTESTAS Y AL TAPARSE LA BOCA
El juez tendrá el poder de expulsar a un jugador que realice protestas excesivas contra él o que decida abandonar el campo de juego. Esto último es lo principal y surge a raíz de lo sucedido en la final de la última Copa de África -entre Senegal y Marruecos-, donde los jugadores de senegaleses abandonaron el campo de juego en forma de protesta, pero luego regresaron para continuar el partido. La misma medida también se aplicará a cuerpos técnicos y cualquier actor que incite dicha actitud. Y en caso de que un equipo se retire del partido, sin importar el resultado, se le dará por perdido.
Por otra parte, también se buscará limitar la confrontación entre los propios futbolistas, especialmente los enfrentamientos en donde los jugadores se tapen la boca, ya sea con la mano, el brazo o la camiseta. El juez podrá expulsar de forma directa a cualquier jugador que cometa dicha acción. Esta regla fue impulsada con fuerza a partir del episodio que se dio en el duelo entre el Benfica y el Real Madrid en la última Champions League, donde el argentino, Gianluca Prestianni, se cruzó verbalmente con el astro brasileño, Vinicius Junior, tapándose la boca mientras se enfrentaban, lo que desató un escándalo por discrminiación.
OTROS CAMBIOS: LOS HIMNOS Y LAS PAUSAS DE HIDRATACIÓN
Además de los cambios en el reglamento, también aparecerán otras novedades.
Una de ellas tiene que ver con uno de los momentos más emotivos que tienen los partidos mundialistas: la entonación de los himnos de cada país. Ya no serán solo los once jugadores titulares los que cantarán el himno dentro de la cancha, sino serán los planteles completos. Es decir, los 26 jugadores de cada selección formarán frente al estadio durante los himnos previos al comienzo del partido.
Por otro lado, los 104 partidos del Mundial tendrán pausas de hidratación, las cuales deberán ocurrir alrededor de los 22 minutos de cada tiempo y durarán tres minutos, los cuales serán agregados más tarde. Estas pausas se realizarán sin excepción y sin importar las condiciones climáticas del partido. Para el fútbol sudamericano, esto no representa una novedad, ya que se comenzó a aplicar en las presentes ediciones de la Copa Libertadores y de la Copa Sudamericana.
