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Luis (68 años): "Vivir en la calle no es bueno, pero si uno se lo toma con la filosofía que yo me lo tomo, tampoco es tan malo"

La crisis de la vivienda no afecta solo a jóvenes, también a personas en situaciones precarias que no pueden permitirse lo que ya es un lujo a día de hoy. Así es la situación de Luis, un hombre de 68 años que vive en las calles de Madrid.

Luis perdió su trabajo y su vivienda a causa de la pandemia

Luis vive actualmente en una tienda de campaña, algo a lo que se vio forzado después de que la pandemia le hiciera perder tanto su vivienda como sus ingresos. Estuvo trabajando 32 años como limpiabotas del hotel Palace.

Ante la falta de una fuente de ingresos, Luis acabó gastando los 10.000 euros que tenía ahorrados y se vio desahuciado del piso público por el que pagaba 140 euros al mes. Ahora, se encuentra cada día pidiendo dinero.

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Persona sin techo
SPORT.es / Dani Duch
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A lo largo de una jornada, Luis suele reunir entre 20 y 30 euros, un dinero lógicamente insuficiente. Por fortuna, a Luis le han aprobado una pensión no contributiva de 628 euros mensuales, aunque esa cantidad no resuelve su problema de vivienda.

Al fin y al cabo, el precio de los alquileres de Madrid deja un escenario muy obvio para Luis: si tuviera que pagar 500 euros para vivir bajo un techo, eso implicaría que no tendría los suficientes recursos para comida y suministros básicos.

El caso de Luis refleja uno de los grandes problemas actuales de España: la distancia creciente entre el coste de la vivienda y los ingresos de muchas personas, especialmente aquellas que dependen de pensiones o ayudas reducidas.

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Personas sin techo
SPORT.es / David Expósito
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En Madrid propiamente, no es descabellado encontrar alquileres de una sola habitación por los que se pueda llegar a cobrar 600 euros al mes. Esto supone que una pensión como la que se le ha concedido a Luis es altamente insuficiente.

En tal sentido, Luis tiene la esperanza de que en algún momento logre conseguir una plaza gestionada por Cáritas. De este modo, solo tendría que entregar cerca del 20% de sus ingresos, lo que sí le permitiría vivir con normalidad dentro de lo que cabe.

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Isabel Rodríguez García
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Dicho esto, Luis tiene familiares en Galicia que podrían acogerlo, pero rechaza esa posibilidad porque teme quedar aislado en su pueblo. Según explica, el contacto diario con otras personas es fundamental para él.

La historia de Luis refleja las consecuencias más duras de una sociedad en la que acceder a una vivienda resulta cada vez más complicado. Tener un techo debería ser una necesidad básica cubierta, pero una pérdida de ingresos, una enfermedad o cualquier imprevisto pueden empujar a una persona hacia una situación extrema. Hoy le ha ocurrido a Luis, pero mientras el problema de la vivienda no mejore, muchas otras personas seguirán expuestas al mismo riesgo.

Fuente original: www.sport.es →